Por una nariz

De los nueve renos navideños sólo uno goza de fama o de nombre, Rodolfo. Gracias a su singular nariz, roja y luminosa, él es el reno más llamativo y el más representado, el que figura en películas, canciones, tarjetas y objetos de merchandising, el más “googleado” y “twiteado”, el que tiene un capítulo individual en la mitología navideña, el preferido de Papá Noel, el más simpático para los chicos, el que tienen el honor de encabezar el trineo y alumbrar el cielo.

Los otros renos son tan anónimos como Juan Pérez. A pesar de participar de la fantástica empresa de volar el mundo en una noche, llevando regalos y felicidad para todos, son mucho menos fantásticos que Rodolfo. Su problema es que comparten la misma nariz, negra y aburrida. Este rasgo común los priva de fama individual y los limita a cierto encanto grupal, erigiendo a Rodolfo como el único diferente. Ellos sólo existen perdidos en el conjunto indeterminado de renos, como una uva en un racimo. Dicen que son ocho, pero a nadie le importa si son diez o seis. Y en caso de tener que sacrificar uno, nos daría igual, porque son iguales, ninguno es la mamá de Bamby y no sabemos nada de ellos. Ellos son simplemente el resto,  los que tiran entre Rodolfo y Papa Noel. Vienen y van juntos como un actor colectivo, o una arbusto que flamea en el escenario, sin mostrar voluntad ni personalidad, como una paloma en plaza de mayo.

Al igual que Rodolfo, las marcas son seres imaginarios o fantásticos. Y esto no pretende ser una metáfora lejana. De hecho, para registrar una marca en el INPI (Instituto Nacional de Propiedad Intelectual) es requisito necesario que el nombre contenga un elemento de “fantasía”. Esto quiere decir que no podemos registrar “taller mecánico”, por ser una denominación genérica, que alude a todo el rubro. Debemos registrar “Rob-Agus”, “Hermanos Tuerca”, “Médicos de Autos”, “Los Riojanos”, o algo que incluya una mínima nariz roja, un intento de distinción y de ficción. Precisamente porque las marcas son, de alguna manera, las narices rojas de los productos, esa cualidad que los hace diferentes para el público, el motivo por el cual los reconocen y los eligen entre el montón. Y los comodities son los productos con narices negras, los que valen por su peso y su precio.

 

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